10 paraísos salvajes de Brasil para tu próxima aventura
Olvida los tours típicos. Descubre los rincones más salvajes de Brasil: dunas, islas sin autos y playas secretas. Así se vive la aventura.
¿Crees que conoces Brasil? Probablemente solo has visto Copacabana llena de turistas o el bullicio del Carnaval en Río. Pero Brasil es mucho más que eso.
Es hora de dejar atrás los recorridos clásicos. Olvida los tours organizados y los folletos brillantes. Vamos a explorar los extremos más auténticos del país.
Brasil es gigante, salvaje y exige que lo vivas de verdad.
¿Buscas unas vacaciones tranquilas? Mejor elige otro destino. Si quieres una aventura real, sigue leyendo. Deja el asfalto atrás. Busca los límites. Prepárate para perderte (y encontrarte).
¿Listo para dejar el asfalto?
Viaja al norte, a Maranhão. Prepárate para algo único: Lençóis Maranhenses, un desierto que no debería existir.
Dunas blancas infinitas chocan con lagunas azul turquesa. Parece un espejismo, pero es totalmente real.
Ve entre junio y septiembre, cuando las lluvias llenan las lagunas y el sol ecuatorial ilumina la arena.
Alquila un 4x4 en São Luís. El camino es duro, pero el destino es de otro mundo. Nunca volverás a ver un desierto igual.

Deja las llaves: islas sin autos
¿Buscas un paraíso intacto? Hay que ganárselo. Morro de São Paulo prohíbe los autos.
Llegas en barco desde Salvador o Valença. Aquí todo se recorre a pie. Las playas están casi vírgenes.
De día, tranquilidad total. De noche, fiesta sin freno. Viaja entre septiembre y marzo para vivir ambas caras de la isla.
Más al norte, Jericoacoara sigue la misma filosofía. Cuatro horas desde Fortaleza, sin carreteras asfaltadas ni farolas, solo calles de arena.
Te orientas por las estrellas y el sonido del mar. El atardecer desde las dunas es inolvidable. El mejor momento: julio a septiembre. Jeri sigue siendo salvaje, y así debe quedarse.

Persigue el fin del mundo
Vuela a Brasília, alquila un coche y lánzate a la aventura.
Chapada dos Veadeiros esconde las cascadas más espectaculares y salvajes de Brasil. De mayo a septiembre, este terreno es puro desafío.
Las caminatas son intensas. El premio: zambullirte en pozas heladas y cristalinas. Cada paso vale la pena.
¿Quieres más paisajes extremos? Desde Natal, conduce hora y media al sur y llegarás a Pipa, un pueblo rodeado de acantilados y playas de película.
El océano ruge bajo tus pies. Viaja de septiembre a febrero para disfrutarlo al máximo.
Lo que nadie te cuenta
Olvida las playas urbanas. El "Caribe brasileño" está en el norte de Alagoas.
São Miguel dos Milagres, Japaratinga, Maragogi: joyas entre Recife y Maceió. Agua cálida y azul imposible.
Alquila un coche y recorre la costa. Haz paradas solo cuando te quedes sin palabras. Octubre a enero es ideal.
¿Quieres más? A dos horas de Río está Arraial do Cabo, con playas que compiten con el Caribe. Al lado, Búzios suma glamour y buena gastronomía.
Viaja en otoño o primavera (marzo-mayo, septiembre-octubre) para evitar multitudes y tener la playa para ti.
El edén intocable
Fernando de Noronha es el destino soñado de los propios brasileños.
Solo se llega en avión desde Recife o Natal. Hay cupos limitados para visitantes, así que nunca está masificado.
La Baía do Sancho es considerada la mejor playa del mundo. Haz snorkel con tortugas gigantes y recorre la costa volcánica. Agosto, septiembre y octubre son meses perfectos.

Siguiendo la costa de Pernambuco está Porto de Galinhas, a solo una hora de Recife. Planea tu visita según las mareas.
Las piscinas naturales aparecen entre los arrecifes, llenas de vida marina. Consulta el calendario lunar antes de reservar. Septiembre a noviembre es el mejor momento.
La ilusión alpina
¿Necesitas escapar del calor? El sur de Brasil te sorprenderá. Gramado es la Suiza brasileña.
Pinos, fondue, aire puro de montaña. Incluso puedes vivir el invierno aquí.
Desde Porto Alegre, sube a las sierras. Gramado tiene energía europea: vino tinto, chimeneas, lujo sin complejos. Entre octubre y enero, las luces de Navidad transforman el pueblo.
No te pierdas
El atardecer en las dunas de Jericoacoara. Un chapuzón helado en las cascadas de Chapada dos Veadeiros. El viaje en barco hasta la isla sin autos de Morro de São Paulo.
Deja de buscar excusas. No repitas las mismas vacaciones de siempre.
Brasil te espera: intenso, hermoso e impredecible. Compra el billete, empaca ligero y sal a perderte.
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