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El Calafate: Glaciar Perito Moreno y Sabores Patagónicos
$150 - $300/día 3-5 días oct, nov, dic, ene, feb, mar, abr (Verano austral) 5 min de lectura

El Calafate: Glaciar Perito Moreno y Sabores Patagónicos

Explora El Calafate: camina sobre el glaciar Perito Moreno y disfruta del cordero patagónico y el Calafate Sour. Consejos prácticos para tu viaje a la Patagonia.

El Calafate: Glaciar Perito Moreno y Sabores Patagónicos

Descubre El Calafate desde lo esencial: hielo milenario bajo tus pies, viento patagónico en la cara y el aroma irresistible del cordero asado esperándote al regresar. Aquí, la Patagonia se vive en cada paso y en cada bocado.

El Impacto del Glaciar Perito Moreno

El crujido bajo las botas recuerda al vidrio roto. Camino sobre las crestas azul eléctrico del glaciar Perito Moreno, sintiendo el viento cortante en las mejillas. El aire es puro, casi metálico, y despierta el cuerpo aunque sea pleno verano austral. El cielo plomizo amenaza lluvia, pero solo entrega un frío persistente.

"Doblen las rodillas", indica el guía, su voz apenas audible sobre el rugido profundo del hielo moviéndose bajo nosotros. El sonido es como el de un gigante dormido, vibrando hasta la planta de los pies.

Confío en los crampones y en las capas de ropa: base térmica, pantalones impermeables, forro polar y cortaviento. Aquí, el clima ignora el calendario. A cinco grados, los guantes gruesos son indispensables para no perder la sensibilidad en las manos.

Caminar sobre un glaciar impone humildad. Al llegar al Parque Nacional Los Glaciares, el guía nos recordó llevar efectivo: los lectores de tarjetas suelen fallar y la entrada ronda los 5.500 pesos. Una pequeña barrera para entrar en un mundo geológico. Sobre el hielo, la escala abruma: es el tercer campo de hielo más grande del planeta, perdiéndose en el horizonte.

Las crestas azul eléctrico del Glaciar Perito Moreno

El guía se detiene junto a una grieta, donde el agua de deshielo corre cristalina. Con un pequeño pico, rompe trozos de hielo y los deja caer en vasos robustos antes de verter whisky ámbar. El hielo, de quinientos años, tintinea en el vaso. El primer sorbo sabe a tierra, frío y tiempo: el whisky se funde con el agua más pura y antigua.


El catamarán se mece sobre el turquesa lechoso del Lago Argentino. El color opaco viene de la "leche glaciaria": sedimentos finos arrastrados por el hielo durante milenios. Seguimos la ruta Todos los Glaciares, adentrándonos en los Andes patagónicos, donde el agua se enfría y el silencio se intensifica.

Me apoyo en la baranda, el viento desordenando mi cabello. Un iceberg enorme flota adelante, iluminado por una luz azul interna que resalta bajo el cielo gris.

"Solo ves el diez por ciento", comenta un tripulante, señalando el agua opaca. "Lo demás está oculto en la profundidad".

La magnitud es difícil de asimilar. Cuando llegamos al glaciar Upsala, el más grande de Sudamérica, el silencio lo dice todo. Es un río de hielo milenario, marcado por la gravedad. Anclamos cerca del Refugio Spegazzini y bajamos a un bosque húmedo y silencioso. El contraste impacta: de un muro de hielo imponente a un cálido refugio de madera, con sándwiches calientes y café, viendo los témpanos pasar como fantasmas lentos tras los ventanales.

Aguas turquesas del Lago Argentino reflejando el cielo patagónico


Cordero Patagónico y Calor de Parrilla

El aroma te envuelve al abrir la puerta pesada de La Tablita: humo de leña, grasa dorándose y carne asándose lentamente. Tras un día de hielo y viento, el calor de la parrilla es un abrazo.

El Calafate está hecho para recibirte después del frío. A las nueve de la noche, el cielo sigue claro, pero adentro la sala brilla con brasas y copas tintineando. El bus gratuito del hotel me dejó en el centro en cinco minutos, justo cuando la cena alcanzaba su punto más animado.

Gonzalo, el dueño, dirige el salón con destreza. Lleva tablas repletas de cordero patagónico entre las mesas.

"Hay que comerlo cuando la grasa está caliente", aconseja, dejando la tabla con un golpe seco. La carne aún chisporrotea, la piel crujiente tras horas al fuego de leña.

Luces cálidas y ambiente rústico en el corazón de El Calafate

Desgarro un trozo con el tenedor: se deshace en la boca, con sabor intenso a estepa y humo. Por unos 8.300 pesos, la porción es generosa, ideal para compartir y reponer energías tras el frío.

Para acompañar, el bartender sirve un Calafate Sour: copa violeta, espuma de clara de huevo y el sabor ácido y terroso de la baya local. La leyenda dice que quien prueba el calafate siempre regresa a la Patagonia.


El Sabor de la Baya Calafate

Salgo al aire fresco de la noche, con el estómago reconfortado. El viento es suave y trae aromas de leña desde los restaurantes. Más allá de las luces, el Perito Moreno sigue avanzando, indiferente a los visitantes.

Venimos a la Patagonia por el hielo y su inmensidad, pero nos quedamos por el calor: el cordero al fuego, el vino tinto, y la camaradería de quienes comparten el fin del mundo. El sabor ácido del calafate queda en la boca, y entiendo por qué siempre se vuelve.